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PERSPECTIVAS HISTÓRICAS Y MARCO TEÓRICO
SOBRE LA SUPERDOTACIÓN INTELECTUAL
Dra. Yolanda Benito Mate Directora del Centro "Huerta del
Rey"
Antes de comenzar hablando de la existencia o no del
alumno superdotado (sobredotación intelectual), es necesario partir del
conocimiento de los test de inteligencia y de las teorías más actuales al
respecto.
En 1904, el Ministerio de Instrucción
Pública de Francia creó una Comisión para encontrar una manera de
distinguir los niños mentalmente defectuosos de los que no tenían buenos
resultados escolares por otras razones (Binet y Simon, 1916). Este trabajo
de Binet y Simon surgió del deseo de ayudar a proteger a los niños, y no
de penalizarlos. Los maestros que consideraban muy molestos a ciertos
alumnos tenían una opción que era para ellos un eran alivio: recomendar
que los colocaran en clases para retrasados, con lo cual no había una
diferencia clara entre los niños con problemas de comportamiento y los
niños con retraso mental. Binet y Simon se refirieron al núcleo de la
inteligencia en términos de "juicio, también llamado sentido común,
sentido práctico, iniciativa y facultad de adaptarse a las circunstancias.
Juzgar bien, comprender bien, razonar bien", éstas son las actividades
esenciales de la inteligencia. Binet diseñó un test que un minusválido
físico podía satisfacer adecuadamente. Éste es conocido sobre todo por su
test, pero también tenía una teoría de la inteligencia, y una buena teoría
(Sternberg, 1997).
Binet sugirió que el pensamiento tiene tres
elementos distintos a los que llamó dirección, adaptación y crítica: la
dirección implica saber qué hay que hacer y cómo hacerlo, la adaptación se
refiere a la creación de una estrategia para realizar una tarea y luego
conservar la huella de la estrategia y adaptarla al mismo tiempo que se la
aplica, y la crítica es la habilidad para criticar los pensamientos y
acciones propios.
Lewis Terman creó un test
sobre la base de la teoría y los tests de Binet. Terman (1918) trabajó
sobre un caso judicial de violación y muerte de una niña de 6 años por
parte del hispano Alberto Flores, de 17 años. Terman fue consultado para
averiguar la competencia mental de esa persona. Tanto su ayudante como el
propio Terman aplicaron el test Stanford-Binet (S-B) a Flores, obteniendo
ambos la misma edad mental (7 años y 6 meses). Terman también aplicó el
test Yerkes Bridges Point Scale, y obtuvo una edad mental de 8 años. El
resultado en ambos tests era consistente con el hecho de que Alberto
Flores no había superado 3º de Enseñanza Primaria a la edad de 15 años
(Colom, 1995). Por otro lado un psiquiatra forense
mantuvo durante el juicio que Flores podía ser considerado un adulto
competente y, por tanto, responsable de sus actos. Para apoyar su opinión,
informó de las respuestas dadas por Flores a las preguntas de entrevistas,
tales como "¿Qué has desayunado?", "Dime cuáles son estos objetos", "Dime
cuáles son tus compañeros de planta", etc. Terman
refutó punto por punto las conclusiones del psiquiatra, demostrando que
las tareas que había usado este último podían ser resueltas sin problemas
por niños de 7 u 8 años. Terman aseguró que Flores podía ser juzgado de la
misma forma que un niño de 7 años y medio, lo que llevó al juez a rechazar
la pena de muerte para Alberto Flores. Dicho en
otros términos, los datos del test permitieron a Terman evitar el error de
la tendencia central, esto es, opinar sobre individuos muy
brillantes que son menos inteligentes de lo que parecen y sobre individuos
muy torpes que son más capaces de lo que puede parecer. El Stanford-Binet
es todavía un competidor capital en la administración de los tests de
inteligencia.
Tal y como podemos observar, en un
principio los tests psicológicos tuvieron como móvil atajar la debilidad y
subjetividad de los juicios humanos y, por lo tanto, se tuvo el ánimo de
separar los diagnósticos del "diagnosticador" particular: las técnicas de
evaluación, fundamentalmente las medidas de inteligencia, se implantaron
con el propósito de que las clases menos favorecidas económicamente
tuvieran acceso a los mismos puestos, tanto escolares como laborales, que
las clases más favorecidas. Si un hombre es capaz,
debe conseguir educación y trabajo. La mejor manera de conseguir esto
sería a través de la evaluación de sus capacidades. Cronbach (1975)
sostiene que existen claras evidencias acerca de la voluntad de los
pioneros psicómetras, puesto que su interés era procurar una igualdad de
oportunidades (Fernández-Ballesteros, 1980). A este
respecto, Sternberg (1997) opina que, pese a toda su inadecuación, los
tests predicen el rendimiento escolar y el rendimiento laboral, aunque tan
sólo sea modestamente, y yo me pregunto: ¿existe algún método
mejor?
¿Por qué se extrañan a veces algunas
personas de que los niños con alto C.I. (cociente de inteligencia) no
tengan "éxito" en la vida profesional? En el libro Whatever Happened
to the Quiz Kids? de Ruth Duskin Feldman (1982), el autor hace un
seguimiento de algunos jóvenes extremadamente brillantes cuando llegan a
la edad adulta. La radio y luego la televisión
muestran que los niños moldeados por los programas de televisión de
preguntas y respuestas tienen un C.I. extremadamente elevado, en muchos
casos superior a 160. Cuando se les observó como adultos se comprobó que
llevaban una vida bastante ordinaria, y que ninguno de ellos había llegado
a brillar por el éxito obtenido (Sternberg, 1997).
Un buen usuario de tests debe tener claro que las puntuaciones en los
tests de cociente intelectual no son la causa del éxito en la vida escolar
o profesional. Dichas puntuaciones constituyen simplemente un "indicador"
de las diferentes posibilidades de aprendizaje y desarrollo (Snow y Yalow,
1988).
Terman y Oden, a los 1.500 superdotados
intelectualmente que siguieron hasta la edad adulta, les encontraron
excepcionalmente productivos como adultos. En los negocios, como
directores de grupos y en el trabajo profesional (especialmente en el
campo de la ciencia) habían contribuido más que la mayoría de los
graduados corrientes de la Universidad (Cronbach, 1954). De entre los
hombres, setenta de ellos aparecían en la lista de American Men of
Science y tres de ellos han merecido el honor de ser elegidos como
miembros de la National Academy of Sciences. Tienen más de
doscientas patentes, han escrito treinta novelas y numerosas obras de
teatro, guiones de cine y una gran diversidad de artículos, pero acaban
anotando que el grupo no incluye a un gran compositor o a un gran artista,
y no más de tres o cuatro auténticas habilidades creadoras (Cabezas,
1990).
En este punto es necesario recordar la
cita de McKinnon: "¿Conoce usted la historia contada, creo que por Mark
Twain, del hombre que buscaba al mayor General que jamás existió? Cuando
preguntaba dónde se podía encontrar a ese ser excepcional se le dijo que
le vería en el Paraíso, donde había subido después de su muerte. Nuestro
hombre, llegado a las puertas del Paraíso, informó a San Pedro del
objetivo de su búsqueda, por lo que San Pedro le enseña un alma que pasaba
por allí. "Pero éste no es el mayor General", dice protestando el
visitante, "Yo he conocido a ese hombre mientras vivía en la Tierra y no
era más que un sencillo zapatero." "Ya lo sé", respondió San Pedro, "Pero
si hubiese sido general, hubiese sido el mayor de todos los tiempos".
(Benito, 1990b)
Tal y como señalaba Cox, las reseñas retrospectivas
y los sondeos más recientes indican que la eminencia requiere niveles
mínimos de inteligencia estimada; pero, por encima de estos niveles, que
pueden variar de un campo a otro, el grado de eminencia alcanzado es
independiente o está levemente asociado a la inteligencia, puesto que la
perseverancia, la oportunidad y otros factores pueden ser relativamente
más importantes (Yagüe, 1986). Como es conocido, el estudio
psicobiográfico de Cox y colaboradores intentó interpretar en términos
objetivos y psicométricos toda la información que existía sobre la
infancia de trescientos genios nacidos entre 1450 y 1850 y representar con
ellos a todas las figuras eminentes, llegando a la conclusión de que
las eminencias se distinguen en la infancia por conductas que indican
un C.I. inusualmente alto. Entre ellas encontró un
C.I. medio de 160 con variaciones importantes en función del área en que
destacaban, pero siempre por encima de lo normal.
Por otro lado, Jones (1982) afirma que una gran
mayoría de los graduados de las facultades en todos los campos científicos
de estudio tienen un C.I. de entre 110 y 120 (Renzulli,
1994). Las aptitudes o altas habilidades naturales
actúan como "material puro" o elementos constituyentes de los talentos
(Gagné, 1993). De esta relación resulta que el talento implica
necesariamente la presencia de habilidades naturales muy por encima de la
media; nadie puede ser talentoso sin ser primero
superdotado. Sin embargo, esto no sucede al
contrario. Es posible que las habilidades naturales por encima de la media
queden simplemente como dones y no se traduzcan en talentos, como ocurre
cuando se da el conocido fenómeno del bajo rendimiento escolar o fracaso
académico entre los niños intelectualmente superdotados (Gagné, 1995). En
este sentido, si se desea mayor profundización, ver Alonso (1990 y
1992).
Está claro que para triunfar socialmente hay que
disponer de una serie de habilidades, poseer una determinada formación y
tener suerte. No obstante, la inversa no es correcta; es decir, no tener
éxito social no implica en absoluto ausencia de inteligencia, sino
probablemente ausencia de las destrezas de la formación o la suerte
(Colom, 1995).
Con 228 puntos, la estadounidense Marilyn vos Savant
es la persona que tiene el cociente intelectual más alto del mundo de
todas las personas vivas registradas en el Guinness Book of World
Records. Tal y como indica Sternberg (1997), su éxito depende de los
criterios que se empleen. Desde el punto de vista de las contribuciones
importantes al mundo, probablemente ocuparía un lugar bastante bajo entre
los grandes pensadores mundiales en el campo de la literatura, la ciencia
o las artes, quizás mucho menos "inteligentes" que ella, pero desde otro
punto de vista ha tenido éxito extraordinario como escritora y como figura
de los medios de comunicación. Por otro lado, cuando
White preguntó a tres de los sujetos de Leta Hollingworth que tenían un
C.I. superior a 180 "¿qué es lo que consideraban su mayor logro?", el
hombre se refirió a sus teorías matemáticas y las dos mujeres se
refirieron a sus hijos. Las tres personas a quienes se dirigía la pregunta
dedicaban parte de su vida a mejorar la educación.
Hoy nadie discute que hay otros muchos tipos de
habilidades además de la inteligencia académica necesarias para tener
éxito en la vida tanto escolar como profesional. Éstas son la creatividad,
el control emocional y la empatía. Desde la década de los 80 han ido
surgiendo nuevas teorías que han ampliado enormemente nuestra visión de la
inteligencia. En 1983 Gardner propuso un conjunto de aptitudes que
incluyen estas "inteligencias": lingüística, espacial, musical,
corporal-kinestésica. lógico-matemática, intrapersonal o interpersonal.
Algunas de estas capacidades, especialmente la lingüística y la
lógico-matemática, están incluidas en lo que Gallagher ha denominado dotes
escolares superiores, o elevada capacidad en los dominios mas involucrados
en el aprendizaje (Robison y Olszewski-Kubilius,
1997).
Daniel Goleman en su libro titulado
Inteligencia Emocional, afirma que su principal interés está
centrado en esas otras características a las que hemos dado en llamar
"Inteligencia Emocional", características como la capacidad de motivarnos
a nosotros mismos, de perseverar en el empeño a pesar de las posibles
frustraciones, de controlar los impulsos, de diferir las gratificaciones,
de regular nuestros propios estados de ánimo, de evitar que la angustia
interfiera con nuestras facultades racionales y, por último, pero no por
ello menos importante, la capacidad de empatizar y confiar en los demás. A
diferencia de lo que ocurre con el C.I., cuya investigación sobre
centenares de personas tiene casi un siglo de historia, la inteligencia
emocional es un concepto muy reciente. De hecho, ni siquiera nos hallamos
en condiciones de determinar con precisión el grado de variabilidad
interpersonal de la inteligencia emocional (Goleman,
1997).
Otra de las líneas igualmente actuales es
la teoría sobre la "Inteligencia Exitosa" de Robert J. Sternberg (1997).
Según el autor, su interés se centra en ampliar los medios para
identificar los individuos de más alto rendimiento potencial en la vida, y
no únicamente en la escuela... Tener inteligencia exitosa es pensar bien
de tres maneras diferentes: analítica, creativa y práctica. De modo
característico, en los tests y en el aula sólo se valora la inteligencia
analítica... Los tres aspectos de la inteligencia exitosa están
relacionados. El pensamiento analítico hace falta, en primer lugar, para
formular buenos problemas y buenas ideas. La inteligencia práctica es
necesaria para usar las ideas y su análisis de una manera eficaz en la
vida cotidiana... Está claro que necesitamos enseñar de una manera tal que
reconozca, desarrolle y recompense los tres aspectos de la inteligencia
exitosa.
Otro de los autores que han propuesto
un modelo diferenciado de superdotación ha sido Gagné. Este autor
identifica cinco dominios de aptitudes: intelectual, creativo,
socio-afectivo, senso-motórico y otros donde estaría encuadrada la
percepción extrasensorial entre otras (Gagné,
1995).
Según Nancy M. Robinson y Paula
Olszewski-Kubilius, en general se hace mucho más hincapié en las dotes
superiores relacionadas con la actitud académica que en las referidas a
otras áreas, principalmente debido a la función central que cumple la
escuela en esta sociedad. Particularmente pienso que
hay otros tipos de superdotación que han logrado mayor grado de aceptación
e implicación en el desarrollo educativo como sucede en el deporte. Ya
desde edades tempranas los niños con cierto grado de superdotación
sensomotriz reciben un tipo de enseñanza de cara al desarrollo de su
talento, por ejemplo, a través de Centros de Tecnificación y de Alto
Rendimiento, donde a partir de ciertas edades compatibilizan su
preparación deportiva con sus programas educativos mediante horarios
especiales. En el caso de la superdotación
intelectual los programas educativos especiales para estos niños son más
reducidos y en algunos casos inexistentes. En nuestro país el Real
Decreto 696/1995, de 28 de Abril, de Ordenación de la Educación de los
Alumnos con Necesidades Educativas Especiales, en su capítulo
segundo, desarrolla la escolarización de los alumnos con necesidades
educativas especiales a condiciones personales de sobredotación
intelectual.
Resulta sorprendente el análisis
que hace Sternberg (1997) sobre las señales que hay de que las habilidades
académicas disminuyen. El referido autor opina que las puntuaciones decaen
en el extremo superior de los tests utilizados para las admisiones
universitarias en primer lugar, porque el 99,9% del presupuesto de
Educación Especial se destinan al extremo inferior, y eso es completamente
estúpido. Probablemente nuestros niños dotados, y con esto no me refiero
tan sólo al cociente intelectual, sino a todos los talentos que
constituyen la inteligencia, sean nuestro recurso nacional más preciado.
Son nuestra mayor esperanza en un mundo crecientemente competitivo. En los
niveles elementales y secundarios, les prestamos mucha menos atención que
a los que tienen dificultades. Los muchachos dotados pueden defenderse por
sí mismos. Después de todo ¿quienes necesitan menos servicios que ellos?
Error. Estos muchachos necesitan tantos servicios como los del extremo
inferior. A menudo el tipo de enseñanza que se les da les aburre y les
hace odiar la escuela... en segundo lugar, estamos bajando el nivel
intelectual de nuestros textos, que es una observación que ha realizado
Sally Reis, de la Universidad de Connecticut, en un estudio que contó con
el apoyo del Departamento de Educación de los Estados Unidos... podemos
poner a un texto la etiqueta de "nivel sexto curso", pero el verdadero
nivel de lectura es el que es y el nivel está bajando en todos los
cursos.
Me temo que en nuestro país esté
ocurriendo algo similar en referencia a la atención educativa del alumno
superdotado intelectualmente y a los niveles educativos, de hecho una
amiga que es profesora comentaba su preocupación sobre la educación de su
hija de 7 años, la cual está cursando 1º de Primaria. Ella, al igual que
todas sus compañeras habían empezado a multiplicar y a dividir, enseñanza
que no se da en nuestro país hasta cursos superiores y la madre temía que
si el año próximo, el profesor no parte de lo que las niñas saben, si no
de lo que marca el programa educativo del área de matemáticas, la niña
puede aburrirse en clase.
A mí, lo que me
sorprendió es que si la mayoría de las niñas de esa clase podían aprender
a multiplicar y dividir en 1º de Primaria, ¿por qué tenían que esperar a
2º ó 3º? Por otro lado según García Yagüe el número
de niños bien dotados que entran en conflicto parece aumentar con los años
al comparar 1º y 3º de EGB. El porcentaje de chicos bien dotados que citan
los profesores por su agresividad en determinadas ocasiones, aumenta
también de forma llamativa, así como su pérdida de interés por el estudio,
o por el colegio y su tendencia a distraerse.
La
tónica general, hace pensar que los biendotados aprovechan poco sus
posibilidades durante el Ciclo Inicial, unas veces ya dominaban a la
entrada los niveles programados para la salida, y otras porque mejoran muy
poco su nivel de aprendizaje de lº a 3º de EGB. Además, un número
importante empieza a rezagarse durante el Ciclo y salen de él con notas
altas y buena reputación, pero con graves deficiencias de base (Gª Yagüe,
1986).
El desarrollo real es posible sólo si los
niños reciben una enseñanza apropiada para el nivel de su habilidad y
capacidad, un nivel para el cual están preparados. El aprendizaje
significativo implica ampliar nuestra mente. Cuando a los niños se les
plantean exigencias excesivas o insuficientes, aprenden muy poco (Robinson
y Olszewski-Kubilius, 1997).
A modo de resumen,
vamos a tomar las observaciones de Renzulli sobre la Superdotación de
Escuela. La superdotación de escuela también puede ser denominada
superdotación de aprendizaje de lecciones o de realización de test. Es el
tipo que más fácilmente mide el C.I. u otros tests de habilidades
cognitivas, y por esta razón es también el tipo más comúnmente utilizado
para seleccionar estudiantes para su ingreso en programas
especiales.
Las habilidades que las personas
muestran en el C.I. y en los test de aptitudes son exactamente los tipos
de habilidades más evaluadas en las situaciones de aprendizaje escolar. En
otras palabras, los juegos que las personas realizan en los tests de
habilidad son parecidos en su naturaleza a los juegos que los profesores
utilizan en la mayoría de situaciones de aprendizaje de
lecciones. La investigación nos dice que los
estudiantes que tienen una alta puntuación en los tests de C.I. son
también normalmente los que tienen mejores notas en el
colegio.
La investigación también ha demostrado
que estas habilidades de aprendizaje de lecciones o de realización de
tests normalmente permanecen estables a lo largo de los años. Los
resultados de esta investigación deberían conducirnos a algunas
conclusiones obvias sobre la superdotación de escuela: existe en varios
grados; puede ser identificada mediante técnicas de determinación
estandarizadas; y por lo tanto deberíamos hacer todo lo que esté al
alcance de nuestra mano para realizar las modificaciones apropiadas
para los estudiantes que tienen la habilidad de cubrir el material
curricular regular con altos grados y niveles de comprensión. La
comprensión o compactación del curriculum (Renzulli y Reis, 1992), un
procedimiento utilizado para modificar el contenido curricular con vistas
a adecuarlo a aprendizajes avanzados, y otras técnicas de aceleración
deberían representar una parte esencial de cualquier programa escolar que
pretenda respetar las diferencias individuales, que son claramente
evidentes a partir de las puntuaciones establecidas mediante los tests de
habilidad cognitiva.
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